sábado, 10 de diciembre de 2011

Súper 8


Super 8

No puedo empezar a escribir son antes hacer una confesión, todo en Súper 8 me es familiar. La atmósfera de fines de los 70, las mochilas, las bicicletas, las cámaras, moviolas y cartuchos de Kodak con su envase amarillo. No puedo describir olores con la perfección con que me vienen a la mente. Todavía tengo esa sensación que producía la apertura de una nueva película virgen, el sonido, el color del envoltorio, el olor a cinta nueva.

Tengo que aclararlo porque yo mismo tenía la edad de los protagonistas en el momento en el que la película se sitúa y también puedo contar historias de filmaciones con la vieja cámara del papá de Claudio, Antonio.

Teníamos 12, 13 años y filmábamos casi todos los fines de semana. Con obsesión fellinesca, relatos de aventuras, acción y hasta algo así como spaghetti westerns.

Por eso la trama de Súper 8, sólida película dirigida por JJ Abrams, que tiene en su haber varios capítulos de Lost y una de la saga Misión Imposible, es una trama familiar, evocativa, cercana.

Un grupo de chicos sale por las noches a filmar un relato de zombies, con sus Kodak a cuestas, están perfectamente organizados bajo las órdenes de uno de ellos, que asume el papel de director. Frustrado, mandón, se desespera porque su relato no parece encontrar una trama, una historia detrás de las buenas actuaciones y el guión trabajado.

Una noche salen para filmar en la estación de trenes en las afueras de la ciudad, y son testigos de un hecho impresionante, un accidente de tren monumental, increíblemente grande, y misterioso.

A partir de ese instante todo será ir descubriendo lo más increíble.

Es un tren del ejército, hay científicos, hay suspenso, hay hechos sobrenaturales.

Y hay bicicletas, y campos, y chicos incomprendidos, y hay una historia de amor, y hay una historia de rencores entre familias vecinas, y gestos de amistad y heroísmos.

En síntesis, prepárense para volver a ET o a Encuentros cercanos, no es casual que Steven Spielberg sea el productor y la mano detrás de la película (en Paul, la excelente comedia sobre el extraterrestre, el mismísimo Steven lo consulta acerca de cómo hacer creíbles las historias con seres de otros planetas).

Sobre todo llama la atención, por lo diferente y por lo evocativo, el ritmo, la cadencia de la narrativa y su fuerte impacto visual sin estridencias.

La música, épica, conmovedora, de gran orquesta y temas clásicos de fines de los 70 es también una gran ayuda para situarnos emocionalmente en la época.

Diría que es una película “como las de antes”, pero esto encierra una trampa, para los que somos amantes del cine, esta frase evocaría inmediatamente a los grandes estudios, las producciones de la pantalla plateada. Pero no, en este caso “como las de antes” nos lleva directo a esos días en los que Spielberg nos destrozaba la cabeza con sus genialidades, con que todavía teníamos capacidad de asombrarnos y nos bastaba un buen relato para dejarnos conformes.

Esos días. También evocados en The Box (que fue crítica el año pasado http://butacaalcentro.blogspot.com/2010/04/box.html) aunque con una resolución del conflicto muchísimo más lógica y creíble.

No creo equivocarme si imagino a pocos adolescentes entusiasmados con verla, y muchos de los que fuimos adolescentes en esos dorados fines de los 70 con más de una sensación positiva cuando la veamos.

Viva el cine.

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