sábado, 31 de diciembre de 2011

Moneyball


Moneyball

Lo último que habíamos visto del director, Bennet Miller, había sido más que promisorio, es el responsable de Capote, la hermosa película que le hizo ganar a Philip Seymour Hoffman ese Oscar tan merecido.

Acá también, y parece que es su especialidad, se mete con una historia que gira alrededor de la personalidad de un hombre, y toda su circunstancia. En este caso, el sol será Brad Pitt y el universo, el beisbol.

Quizá nos falte pasión para admirar o disfrutar esta película como estoy seguro lo han hecho en Estados Unidos, nos falten las historias, nos faltes los recuerdos de campeonatos y victorias y haber juntado figuritas y conocernos los nombres y los héroes de memoria (quiero decir, para ser claro, yo puedo decir de memoria el Boca campeón de la Libertadores 1975, si veo acá una historia que me muestre y profundice en esos personajes, seguro tocan una fibra adicional). Esos datos no los tenemos, pero no nos impide gozar de una buena historia, chiquita, pero bien contada.

La excusa es un gerente de un club de primera pero no de los más top de la liga norteamericana (que se autodenomina mundial) de beisbol, que a sus 40 largos, reflexivo, hace un intento para salir de la mufa que le significa perder el último partido.

Su filosofía de vida es, podés ser un genio, llevarte todas las miradas, ser admirado y querido, pero si perdés el último, sos historia.

Con eso en vista, su equipo se diezma cuando termina la temporada, a sus mejores jugadores se los llevan para ganar mejores salarios en clubes más grandes, y tiene otra vez el desafío de volver a empezar.

Reunido con los carcamanes que, de tanto ver el juego se las saben todas, adivina que no puede buscar soluciones con las mismas recetas de toda la vida, que tiene que intentar algo nuevo.

Y lo hará.

Conocerá a un joven universitario, que mira el juego desde una perspectiva científica, y seguirá sus consejos con un admirable temple, hasta que el juego le de la razón.

No hay mucho más, todos los temas secundarios se insinúan, todo es menor alrededor del relato principal que es el que da sostén a la historia.

Ni la relación con su hija, con su ex esposa (hermosa siempre Robin Wright ya no Penn) o el dueño del equipo serán importantes, lo que importa es Pitt, su pasión y el juego.

Pitt merece un capítulo aparte. Está eligiendo papeles que lo hacen madurar como actor y lo está haciendo bien. Todavía sospecho que no dio lo mejor que tiene, y eso es mucho, ya que en los últimos años compuso máscaras muy interesantes.

Es un capítulo también aparte el de su belleza física, ahora en una madurez muy pero muy parecida a la de Robert Redford, creo que vamos a empezar a ver lo mejor de este actor cuando no le pese tanto esa cara que tiene que estar al servicio de determinados papeles.

Es una película muy simple. No hay nada de segundas lecturas en ella. No hay trucos, no hay efectos, hay una buena historia en un mundo que desconocemos pero que adivinamos apasionante.

Si no fuera por Pitt y todo lo que genera a su alrededor, no hubiera llegado ni siquiera a la cartelera porteña.

Tiene una lectura interesante, eso sí, aplicable a la vida. Cuando uno se decide por un camino, por una idea, por una corazonada, por tirar todo y buscar un nuevo ángulo para los temas de siempre, hay que seguir adelante, confiar en los que hay que confiar y darle duro no importa lo que pase.

En eso, y no tan edulcorado y pintado de sueño americano ni con bajadas de línea, sino que contando una historia, la película está bien.

1 comentario:

  1. No es de las que mas me gusto. Mi mirada es que tambien murders que no solo son estadisticas, en otro deporte que conozco bien la suma de nombres no hace un equipo. En el film hasta que el no se involucra (baja al vestuario) busca un lider en la cancha y por ultimo, logra que sus jugadores le duela perder mas alla que nos les afecte economicamente, recien ahi triunfa. La pasion, lo que hace al diferente no se ve en un excel, bah creo.CdR

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