lunes, 12 de septiembre de 2016

Genius

Genius

Una de escritores, de buen clima, pero superficial


6 Butacas


A días de la gran depresión en los Estados Unidos, una firma de editores famosa, Scribner, tiene a su más dedicado y sutil editor y buscador de perlas literarias trabajando como siempre, rutinariamente, leyendo y leyendo manuscritos y tachando y corrigiendo.

Ese tedio, de todos los días lo mismo, atrapado ocasionalmente por una buena historia, está muy bien interpretado por el siempre correcto Colin Firth.

En esa rutina un aspirante a escritor espera casi sin ninguna expectativa, que una vez más rechacen un manuscrito suyo. Es Thomas Wolfe, y sabe que allí han publicado Ernst Hemmingway y Scott Fithgerald, con lo que sus esperanzas son bien pocas.

Pero todo cambia, se transforma, cuando envalentonado por su respuesta ante una nueva negativa, encuentra que esta vez sí, quieren publicarlo.

Finalmente una mirada entrenada e inteligente se ha dejado seducir por las 5000 páginas de su manuscrito. Solo le pide que lo acorte.

Esa tarea, que será permanente ante la voluptuosidad de un escritor sin límites, es la clave de esta película.

Que no hace sermones, que no ofrece fórmulas mágicas, que no redime las inconductas de esos genios de la palabra, sino que cuenta de alguna manera el costado fabril de esos libros que nos deslumbran.

La cuestión industrial del proceso creativo.

Esa relación, que será sólida al comienzo, y se irá corroyendo a medida que avanza el relato, como consecuencia de las pasiones y los divismos, es la clave de esta película.

Bien interpretada, con el soporte de Jude Law como Wolfe y Nicole Kidman y la reaparecida Laura Linney como las esposas de ambos, es una buena película para aproximarnos a esa mirada, la del otro lado de la fantasía. Y no hace más que eso.

Es definitivamente para los amantes de cierta literatura.


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