lunes, 19 de septiembre de 2016

Julieta

Julieta

Pedro, el que conoce a las mujeres tanto como Woody Allen


8 Butacas


No hay manera de escaparse de la pegajosa atracción de una película de Almodóvar. Haga lo que haga, sus imágenes cuidadas, las melodías cursis que son banda de sonido de las situaciones más simples y complejas, las miradas, los tonos y sus acentos.

Todo lo sabemos, todo está siempre ahí, pero la clave, lo que nos hará volver a elegirlo una y otra vez, será cómo decida mezclar todo eso.

Cuando cuenta historias desde la perspectiva de una mujer, es sin dudas, el mejor de los ángulos que puede ofrecernos.

Porque sabe, conoce, interpreta como nadie ese universo de culpas, de excesos contenidos, de lágrimas y de cosas jamás contadas. 

Porque sabe mostrar lo que sienten cuando se enamoran y cuando dejan de amar.

Y cuando quieren demasiado, tanto, que duele eternamente.

Esta vez es una historia de madre e hija, de sus encuentros y desencuentros. 

De las decisiones que una hija toma cuando entra a la edad adulta, apartando a su madre de su vida, y del vacío que esto produjo en una madre, que parece no haber entendido nunca lo que pasó.

A punto de empezar una vida nueva con una nueva pareja en Portugal, Julieta frena en seco y se queda en Madrid. Algo no le contó a su nuevo amor, un silencio que lleva años y que por alguna razón empuja para salir.

Un cruce casual en la calle con una amiga de su hija Antía, un nuevo despertar de las ganas de volver a verla después de mucho y un diario, que se irá construyendo con la historia que a modo de flashback nos trae un relato tan impecable como difícil.

Almodóvar cuenta historias que no tienen ni principio ni final, los títulos con los créditos pueden sobrevenir en cualquier momento, porque la historia va fluyendo como fluye la vida. Esto quizá sea un problema para los amantes de las historias lineales.

Cuenta sentimientos, hechos que se explican desde esos sentimientos. Que solo pueden entenderse desde esas pasiones.

Todo en su particular manera de contar es caprichoso, pero de tan meticuloso, de tan esmerado, de tan artesanal, es no solo necesario y personal, sino que es indispensable.

Madre e hija no se cruzarán en toda la película, solo el dolor volverá a unirlas, pero no seremos tan afortunados de verlo. Aunque como nos llevó hasta allí el manchego, hará que no sea tan indispensable.

Ternura, desesperación, hormonas, arrebatos, amor, todo al servicio una vez más de una historia poderosa, contada con maestría.

Adriana Ugarte y Emma Suárez logran dos interpretaciones sublimes. Femeninas en extremo.

Siempre es un placer verte

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