sábado, 25 de junio de 2011

Barney's Version


Barney’s version

Si un día simplemente nos dijeran ¨contáme tu vida, cómo pasó todo…¨y solo tuviéramos eso como provocación, ¿por dónde empezaríamos? ¿por los fracasos amorosos? ¿por los amigos, las obras, el trabajo, el equipo de fútbol preferido?

En esta sintonía Barney Panofsky elige contarla por la relación con sus dos o tres amigos del alma, sus elecciones amorosas, sus hijos, su padre y dos o tres elementos constantes en su vida, los cigarros Montecristo, la malta MacCallan de 12 años, el Hockey sobre hielo y poco más.

Barney es a veces entrañable, a veces insoportable, nunca ingenuo, generoso y muy judío.

Vivirá en Italia a mediados de los 70, con algunos rebusques (siempre le irá mejor que al resto) en el mundo del arte, crecerá intelectualmente se casará con Clara (inestable, demasiado atorranta, frágil) de quién se separará al descubrir que el hijo que dará a luz es negro, dejará todo de lado para ir a trabajar con su tío Abe a Montreal y hará su espacio en la comunidad judía.

En ese ambiente de judíos adinerados conocerá a su segunda esposa, se acuerdan de Minnie Driver? Está increíblemente bien en su madurez aunque su rostro sigue pareciendo un rostro tallado en algún material no humano.

Pero la noche de su casamiento, mientras se debatía con los pequeños desaires de clase que le propinaba la rica familia de su esposa que todo lo pagaba, a su padre (magistral Dustin Hoffman) la ve a Miriam en la fiesta y no podrá dejar de mirarla.

Todo lo que sigue es su fastidio en el matrimonio, sus amigos que vuelven a América, sus obsesiones, su crecimiento en el trabajo y su búsqueda minuciosa, paciente, esmerada, del momento de volver a verla.

Paul Giamatti, que se ganó el Golden Globe por este papel, nos regala un trabajo impecable, casi sin fisuras, y muestra todo su registro actoral.

Cuando digo todo quiero ser más preciso, será constante en sus adicciones y obsesiones, será despiadado, tierno, nos hará reír y emocionar y encima lo veremos envejecer sin aspavientos. Qué más le podemos pedir a un actor?

Despliegue, emociones, arranques ira, enamoramiento, torpezas. Tan complejo es Barney y tan bien lo encarna Giamatti, que a esta altura está entre los mejores.

Los secundarios son buenos, pero destaco a Hoffman y su oficio, papá de Barney en la película, le da un toque de nostalgia, de padre comprensivo, de humor, necesario para salir de las situaciones más complejas del relato.

Y está Rosamund Pike, que es un rostro y una voz y una delicadeza y una sonrisa de la que difícilmente puedan escaparse en la película.

Hermosa actriz que está para mucho más (todavía no le vimos en un papel que recordemos) y que será la dueña de la segunda mitad de la vida de Barney, la más rica en situaciones, en la que vendrán los hijos y el amor devoto del que solo se es capaz después de tanto y tanto para conseguirlo.

Toda la vida será de desmesuras, de ir y venir, de inconformismos y nuevos sueños, pero algo la pone siempre fuera de foco, la destempla.

El foco llegará con el amor de Miriam y la vejez, en la que, sin moralinas ni arrepentimientos forzados, verá las cosas con más claridad, las que ganó, las que extraña, las que perdió definitivamente.

No hay vuelta atrás y su salud empieza a traicionarlo.

Cuando se da cuenta de esto, cuando descubre una noche que ya no es capaz de acordarse del número de teléfono de Miriam, será una de las escenas de más dramatismo y desafío para el actor.

Llegará el ocaso, que siempre llega, se develarán algunos viejos misterios de la vida, que son muy bien entremezclados con el hilo conductor central de la historia, y por un momento, nos vamos a ver tentados de ponernos del lado de Barney.

Es un buen guión actuado con solvencia y gran entrega, no se le puede pedir más al cine de estos días.

Va a llegar a mediados de Julio, justo cuando estemos con hijos, sobrinos, ahijados, en medio de Cars 2 y Harry Potter, cuando necesitemos un respiro, nos espera Barney. Acudamos a la cita.

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