domingo, 5 de junio de 2011

Whatever Works


Whatever Works

Ya lo saben, los que siguen Butaca al Centro ya lo saben, no puedo ni siquiera empezar a escribir acerca de una película de Woody Allen.

Es difícil encontrar las frases para contar lo que me produce cada nueva entrega de ese enorme legado de Allen.

Las vi todas, leí más de 10 guiones, dos biografías, lo fui a ver al mítico Michel´s Pub tres veces (en los malditos 90) conozco de memoria sus obsesiones, sus miedos, sus remates. Caminé tres horas hace ya muchos años, a la vera del Hudson para encontrar esa foto, ese instante eterno del afiche de Manhattan.

Si hay culpables de mi amor por el cine, uno de ellos es Allen Stewart Konisberg.

Whatever Works retoma sus piezas de cámara, pero de las que trabajan los textos y las situaciones, no los gags.

Todos los personajes cambiarán sus parejas, encontrarán el amor, verán cambiar sus vidas de manera más o menos dramática. Lo harán si darse pena, sin proponérselo, casi como una lógica consecuencia de su entorno. Y todo estará bien para ellos, siempre “que la cosa funcione” como es la traducción más o menos literal del título.

No esperen ver una trama, un mecanismo como en Match Point, o la puesta en escena operística del Sueño de Cassandra. Van a encontrar en esta película mucho de Hannah y sus Hermanas, y quizá algo de Interiores.

Hay tanto en ese repertorio que siempre podemos irnos unos años atrás para explicarnos algo.

En definitiva el amor, la vida, el sexo, la religión, el sentido de las cosas son la paleta de colores con el que siempre compuso sus cuadros, aún aquellos más inocentes, más cómicos, más simples.

Y vuelve a filmar en Manhattan, y recorre caminando el downtown y compra en los mercados y las vidrieras se adornan con los pollos colgantes de Chinatown.

Boris, el protagonista es, para mi gusto, uno de los tres mejores alter egos que Allen eligió en toda su carrera para interpretarse, los otros son Kenneth Brannagh en Celebrity y John Cusak de Bullets over Broadway.

Con el hombre la cosa es así, si lo aman, si les gusta, si les da curiosidad, si alguna vez se dejaron llevar por sus historias, esta les va a gustar, como todas las demás. En cambio si arrancaron con Bananas y nunca volvieron a darle una chance, ni lo intenten.

A los fanáticos, a los enamorados de siempre, solo piensen en las veces que una vieja melodía de jazz, la pantalla a negro con los nombres de los actores siempre en la misma tipografía y el written and directed by Woody Allen del final no los lleva de inmediato a un mundo único. Melancólico, reflexivo, poético y mundano.

Dice Boris: “Love, despite what they tell you, does not conquer all, nor does it even usually last. In the end the romantic aspirations of our youth are reduced to, whatever Works”.

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