lunes, 25 de enero de 2016

Sicario

Sicario



Despiadada, intentando alejarse de la mirada estereotipada y condenatoria de Hollywood, Sicario es una continuidad de tantas películas que hemos visto abordando la temática del narcotráfico, pero a la vez es distinta, superadora.

Porque recrea un clima de tensión en medio de la informalidad y porque dispara una encrucijada moral para la protagonista (una flaca Emily Blunt en un papel definitivo para su carrera) que debe avalar con su presencia un procedimiento reñido con la ley.

Una policía de elite, líder de equipos tácticos del FBI es reclutada para formar parte de un grupo especial, multidisciplinario y multi agencia, para una misión en el corazón de Ciudad Juárez.

A partir de ese momento todo lo que ella conoce como normal, procedimientos, cadena de mando, legalidad, se subvierte y muta de manera brutal. Dejándola al principio llena de dudas y luego, cuando esas dudas se convierten en realidades, en medio de una crisis de moral y de deber ser.

Que la Blut lleva muy bien en su desarrollo y clima, hasta convertirse en una delicada sombra de la buena agente que fue. Se siente usada para cubrir de legalidad una operación de asesinato, que se mete en las entrañas de uno de los jefes narcos para liquidarlo junto con su familia.

Así de duro, ojo por ojo, se verá entonces desprotegida en medio de un sinsentido legal, pero con la determinación de cambiar el rumbo de las cosas. Tensión permanente que le aporta los mejore momentos a su actuación.

Por lo demás, violencia no explícita pero bien llevada, con climas de tensión increíbles potenciados por una banda de sonido especialmente compuesta que es poderosa, y actuaciones de dos viejos lobos de estas lides, como son Benicio del Toro (que hará del agente Alejandro, el biligue que todo lo sabe) y Josh Brolin (el más latino de todos los actores norteamericanos sin dudas) que serán los dos misteriosos comandantes de esta fuerza especial sin reglas y con recursos ilimitados.

Se sale de la mirada edulcorada porque plantea que también desde el estado de derecho se juega fuerte y sin reglas y que no todos los agentes reclutados son los mejores de la clase, y también porque se mete (o lo recrea muy bien) en ese mundo de disparos permanentes a la luz del día, en el que la vida no vale nada y en el que cadáveres mutilados colgando de puentes son parte del paisaje.

Cuidarse de todos, desconfiar de todos, y en medio de esa tensión tratar de llevar algo de cordura, será el desafío de la protagonista.

Muy buena.

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