sábado, 2 de enero de 2016

The revenant

The revenant




El problema con el director, Alejandro González Iñarritu, es que lo conocemos tanto, sabemos de su gusto por las historias que se cruzan, por los flashbacks nada ociosos, por su universo a veces mágico, sabemos tanto de él que cuando se decide a entregarnos una película lineal, básica, hacemos mueca y creemos que no es de su cosecha.

Definitivamente instalado en el corazón de la industria, hace rato que no es un outsider, y en esta película lo es menos.

Un Western frío, un duelo en la nieve, una cacería. De esto y no mucho más va el filme.

Bueno, ok, también de lo que lleva a un hombre a sobreponerse a todo, del amor filial y de los valores. Lo que ocurre es que de verdad, sabiendo todo lo que sabemos del mexicano, es difícil de clasificar.

Historia de frontera fría, indos, ingles e y franceses en búsqueda de pieles para comercio, fortín de civilización y los años 20. Hasta ahí nada raro. Un baquiano con hijo indio, Di Caprio esforzado por el Oscar, y un malo malísimo, bien interpretado por Tom Hardy.

Ataque de indios, ataque de oso (increíblemente filmado) destroza a Di Caprio y lo que sigue será una historia de vencer a toda la adversidad imaginable en pos de una venganza.

Vimos ya varias de las escenas de esta película en aquella Seraphim Falls, en la que Liam Neeson y Pierce Brosnan se persiguen sin tregua por la estepa nevada para vengarse uno del otro.

Lo que The Revenant tiene como rasgo sobresaliente es la fotografía y la destreza de la cámara. Hay tomas increíbles en paisajes más increíbles aún. Proeza del equipo de filmación haber estado en algunos de esos paisajes con esas tormentas difícil de simular.

Parte de esos hermosos paisajes son de nuestra Tierra del Fuego.

Después hay algo de épica, hay algo de crueldad, hay algo de honor, pero no hay mucho más.

Es tan lineal que duele los ojos.

No será lo más recordado del mexicano multipremiado (el año pasado el Oscar con Birdman).

También se extraña la música de Santaolalla y tampoco están en los guiones sus socios argentinos, Armando Bo por ejemplo.

En definitiva, una película de paisajes, lejos de Biutiful, Babel, 21 gramos, sus extrañas buenas películas anteriores.

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