sábado, 16 de enero de 2016

Southpaw

Southpaw



Antoine Fuqua es un director que sabe. Lo conocemos de Día de Entrenamiento, El equalizador, es un tipo con oficio que suele tener a Denzel Washington como su actor fetiche.

Esta vez, si bien su especialidad son las películas con violencia e historias con algo de racismo, se mete con un un mundo igual de sórdido, igual de taimado, pero en lugar de trabajar alrededor de la desesperanza, lo hace girando en torno a la redención.

Es 100% una película de boxeo, intenta recrear ese mundo, pero teniendo en cuenta el negocio, no solo el honor y la historia de vida. Y lo hace muy bien.

Las escenas de las peleas (esenciales para esta historia) son de una calidad coreográfica notable y realmente ayudan a narrar la historia. 

Jake Gyllenhaal es Billy Hope, campeón muy reconocido y millonario, que vive alrededor de su esposa, Rachel Mac Adams y su hija llevando una vida apacible y confortable, midiendo sus próximos pasos de manera pensada y ya meditando un retiro.

Una noche, un episodio extraño en una gala benéfica, termina con el asesinato confuso de su esposa y con el comienzo de una espiral de deterioro que lo hará perder todo. Dinero, tenencia de su hija, todo.

Como tantas historias de boxeadores que conocemos, el origen pobre y la crianza en un barrio marginal son el cocktail con el que se preparó para la vida, entonces, la ira, que aflora en sus peleas, hace que sea un púgil tremendamente agresivo, y que descuide su defensa de manera incomprensible.

Hay en esa imagen mucho de lo que se intentará decir con el filme.

Una parábola del aprendizaje y de la revancha de la vida.

Hay que prestar mucha atención a la pequeña actriz que hace de la hija, se llama Oona Lawrence y es lo mejor de la película. No exagero.

Por lo demás, es requisito que el genero sea de su agrado para que pasen de los primeros minutos. No exagero, es una película de boxeo, dice cosas, insinúa, pero gira en torno a ese mundo y esos códigos y lenguaje.

Por eso, si son amantes del género, no se sorprenderán al ver todos los guiños de la especie. La vuelta a un gimnasio de barrio para volver a empezar, ponerse a las órdenes de un entrenador grande, que ya vió todo y que ahora solo quiere preparar a los chicos del barrio para salvarlos de la violencia de sus casas, un correcto Forrest Whitaker, y algo más pero no mucho más.

Hay que amar el género para sentirse a gusto.

Si no, pasen de largo.




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