jueves, 7 de enero de 2016

The man from U.N.C.L.E

The man from U.N.C.L.E



United Network Command for Law and Enforcement era esa sigla que en español decíamos CIPOL y nos alegró tantas tardes. Fueron 105 episodios, del 64 al 68 y fueron guerra fría, glamour, armas raras, enormes computadoras y la pipa de Alexander Weberly.

La sequía creativa de Hollywood no es algo nuevo, y la asiduidad para desenterrar viejos clásicos y éxitos ya sea del teatro o de la televisión, tampoco es novedad. La novedad es que sean productos dignos, que sean fieles a la esencia original, y que puedan, aceptando los cambios lógicos, representar los valores y la atmósfera creativa que les dio origen.

En este caso, Guy Ritchie lo logra, y lo logra con creces.

Hay algo de psicodelia, hay algo naif, hay glamour, hay guerra fría, hay acción pero casi como extraída de esos episodios de la tele, es decir una acción fabulosa pero no sangrienta. Y hay un montaje y banda de sonido recomendables.

La estética se recrea de una manera increíble, desde la tipografía de los títulos hasta los montajes y divisiones de pantalla tan propios de los 60.

En definitiva, es un buen divertimento.

No esperen ver a Robert Vaughn como Napoleón Solo, David McCallum como Illya Kuryakin ni a Leo G. Carroll como Alexander Wberly, el jefe. 

Pero la elección del reparto está bastante bien, en el que se destacan Henry Cavill (si, Súperman) diciendo al mundo que puede ser el próximo Bond y Hugh Grant como el jefe del escuadrón.

En un mundo en guerra fría, las superpotencias tienen que donar a sus mejores hombres para, superponiéndose a sus rivalidades, luchar contra enemigos nuevos. Ese es el germen de esta agencia supranacional.

El argumento es básico, pero efectivo, las locaciones están buenísimas (Roma) y el ritmo de la acción es típico de Ritchie.

En definitiva, un buen pasatiempo y para los que tenemos más de 40 y pico, una vuelta a aquellas tardes de leche y vainillas.

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